30 de abril, 2019
Paludismo

El paludismo, o malaria, es una enfermedad potencialmente mortal causada por parásitos del género Plasmodium, que se transmiten al ser humano por la picadura de mosquitos hembra infectados del género Anopheles. Hay cinco especies de parásitos causantes del paludismo en el ser humano, si bien dos de ellas – Plasmodium falciparum y Plasmodium vivax – son las más peligrosas.

A pesar de que la malaria se puede prevenir y tratar, sigue ejerciendo efectos devastadores en la salud. Se estima que en 2017 hubo 219 millones de casos de malaria en 87 países, según cifras de la OMS.

Países y territorios con casos autóctonos en 2000 y su estado en 2017

 

La mayoría de los casos de malaria en 2017 fueron en la Región de África (200 millones o 92%), seguidos por la Región de Asia Sudoriental (5%) y la Región del Mediterráneo Oriental (2%). Quince países del África subsahariana y la India soportaron casi el 80% de la carga mundial de malaria.

P. falciparum es el parásito de la malaria más prevalente en la Región de África, (99,7% de los casos estimados en 2017), Sudeste Asiático (62.8%), Mediterráneo Oriental (69%) y Pacífico Occidental (71,9%). P. vivax es el parásito predominante en la Región de las Américas (74,1%).

En la Región de las Américas, a pesar del balance general en el progreso, 10 países experimentaron un aumento en los casos entre 2016 y 2017. Los casos en Nicaragua y la República Bolivariana de Venezuela han presentado un aumento de más del 70% en casos entre 2016 y 2017. Solo Venezuela representó el 53% de los casos notificados, seguido de Brasil (25%). Paraguay fue certificado libre de malaria por la OMS en 2018,  Argentina se encuentra en proceso de certificación.

 

En 2017, hubo un estimado de 435.000 muertes por malaria en todo el mundo, en comparación con 451.000 muertes estimadas en 2016 y 607.000 en 2010.

Los niños menores de 5 años son el grupo más vulnerable, la malaria se cobra la vida de un niño cada dos minutos. En 2017, representaron el 61% (266.000) de todas las muertes por malaria en todo el mundo.

La enfermedad

El paludismo es una enfermedad febril aguda. En un individuo no inmune, los síntomas suelen aparecer entre 10 y 15 días tras la picadura del mosquito. Puede resultar difícil reconocer el origen palúdico de los primeros síntomas (fiebre, dolor de cabeza y escalofríos), que pueden ser leves. Si no se trata en las primeras 24 horas, el paludismo por P. falciparum puede agravarse, llevando a menudo a la muerte.

Los niños con enfermedad grave suelen manifestar uno o más de los siguientes síntomas: anemia grave, insuficiencia respiratoria o paludismo cerebral. En el adulto también es frecuente la afectación multiorgánica. En las zonas donde el paludismo es endémico, las personas pueden adquirir una inmunidad parcial, lo que posibilita la aparición de infecciones asintomáticas.

Prevención

La lucha antivectorial es el medio principal de reducir la transmisión del paludismo. La OMS recomienda proteger a todas las personas expuestas a contraer la enfermedad. Hay dos métodos que son eficaces: los mosquiteros tratados con insecticidas y la fumigación de interiores con insecticidas de acción residual.

En la prevención de la enfermedad también se pueden utilizar medicamentos antipalúdicos. Esta medida se puede utilizar en viajeros a zonas endémicas, embarazadas residentes en zonas donde la transmisión es moderada o alta y en lactantes residentes en zonas de África donde la transmisión es elevada.

Desafíos para encaminar la respuesta contra la malaria

Los desafíos a los que se enfrenta la respuesta mundial contra la malaria son muchos, y como se destaca el último Informe Mundial de la Malaria de la OMS (2018), las barreras inmediatas son el continuo aumento de la malaria en los países con la mayor carga de la enfermedad y la insuficiencia de fondos internacionales y domésticos. Al mismo tiempo, la continua emergencia de resistencia de los parásitos a los medicamentos antimaláricos y la resistencia de los mosquitos a los insecticidas representan una amenaza para el progreso.

Un avance histórico tras tres décadas de desarrollo: Vacunas contra el paludismo

Después de 30 años de desarrollo, la vacuna RTS,S/AS01 (RTS,S) —conocida también como Mosquirix— se diseñó utilizando genes de la proteína externa, circumsporozoite (CSP) de P. falciparum fusionada con antígeno de superficie de la hepatitis B más un adyuvante químico (monofosforilo A y QS21) para estimular la respuesta inmune. La infección se previene al inducir títulos altos de anticuerpos que impiden que el parásito infecte el hígado (fase pre-eritrocitaria). Hasta la fecha, es la única vacuna capaz de reducir drásticamente el paludismo entre la población infantil.

Es una vacuna inyectable, que se presenta como polvo y suspensión para reconstituir. Está indicada en niños de 6 semanas a 17 meses de edad (en la primera dosis).  Se deben administrar 3 dosis, (cada una de 0,5 ml), a intervalos mensuales. Se recomienda una 4° dosis a los 18 meses.

La vacuna ofrece protección parcial contra la enfermedad, los ensayos clínicos demostraron que previene aproximadamente 4 de cada 10 casos de paludismo clínico y 3 de cada 10 casos de paludismo grave potencialmente mortal.  Se estima que podría contribuir en forma sustancial al control de la malaria cuando se usa en combinación con otras medidas preventivas, diagnósticas y terapéuticas recomendadas por la OMS, especialmente en áreas de alta transmisión.

En julio de 2015, la Agencia Europea del Medicamento, emitió una opinión positiva sobre la vacuna. En octubre de 2015, dos grupos consultivos de la OMS recomendaron la aplicación experimental de la vacuna RTS,S/ASO1 en un número limitado de países africanos.  En noviembre de 2016 la OMS anunció que la vacuna RTS,S/ASO1 se empezaría a utilizar en proyectos piloto en áreas seleccionadas en tres países del África subsahariana. Malawi será el primero de tres países, al que seguirán Ghana y Kenia, donde se va a lanzar un programa piloto de vacunación frente a la malaria para niños de hasta dos años que tiene como objetivo vacunar a unos 360.000 niños al año en los tres países.

FUENTE: SAVE ARGENTINA